La Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl fue fundada en 1633, en Francia, por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, con el fin de servir a los pobres. En la actualidad, la Compañía está presente en los cinco continentes, en 98 países. Hay más de 13 500 hermanas en todo el mundo. En Brasil, hay alrededor de 1060 hermanas y en la Provincia de las Hijas de la Caridad Luisa de Marillac Brasil, 253 (cifras de 2026). 

Atentas a los llamamientos de Dios y a las necesidades actuales, las Hijas de la Caridad trabajan en centros de educación infantil, escuelas, instituciones de larga estancia para adultos mayores, comunidades y hospitales, en proyectos que atienden a niños, personas con discapacidades, personas mayores y personas en situación de refugio.

Historial

El siglo XVII en Francia pasa a la historia como el siglo de los pobres. Innumerables guerras diezmaban a las fuerzas jóvenes de la sociedad, devastaban el campo y multiplicaban el número de hambrientos, discapacitados y mendigos. Los gobernantes no tomaban medidas para resolver las guerras y sus problemas. Se preocupaban por fortalecer el poder central y, para ello, eliminaban a quienes parecían poner obstáculos, hostigaban a los países vecinos y oprimían al pueblo con impuestos. 

En este contexto de miseria y dolor, en 1617, el padre Vicente de Paúl fundó las Cofradías de la Caridad, con el fin de aliviar el sufrimiento de los pobres. Dios lo impulsaba a dar una respuesta concreta a la miserable situación del pueblo. Las cofradías se extendieron rápidamente por toda Francia.

En 1625, el padre Vicente de Paúl fundó la Congregación de la Misión para formar misioneros destinados, sobre todo, a evangelizar a la población rural. Fue en esa ocasión cuando conoció a Luisa de Marillac, una viuda de la aristocracia que le ayudaría en su labor con las cofradías.

Las cofradías estaban formadas, en gran parte, originalmente por damas de la nobleza, a quienes sus maridos a menudo impedían asistir personalmente a los pobres y, por ello, se hacían representar por sus sirvientas. Estas, a su vez, aunque realizaban las tareas que se les encomendaban, no brindaban a los pobres la atención y el afecto que necesitaban. Era necesario organizar la caridad.

En este contexto aparece la joven campesina Margarita Naseau. Ella se presenta ante el padre Vicente y se ofrece a realizar las tareas más humildes que las damas de las cofradías no asumían junto a los pobres. Con gran amor evangélico, se convirtió en la sierva de los más abandonados. A medida que el servicio de Margarita se ampliaba, otras jóvenes de diversas clases sociales y diferentes lugares de Francia la seguían. El padre Vicente de Paúl las confía, entonces, a Luisa de Marillac para que las instruya. 

El 29 de noviembre de 1633, Luisa de Marillac recibió en su casa al primer grupo de cuatro jóvenes a quienes enseñó a profundizar en la fe y la unión con Dios, a vivir en comunidad fraterna y a servir a Cristo en los pobres con mansedumbre y dulzura. Así surgieron las primeras Hijas de la Caridad, y esa fecha quedó como la de fundación de la Compañía.

Fue una novedad para la época, ya que hasta entonces solo existía la vida consagrada en clausura. A partir de ahí, las hermanas comenzaron a vivir en medio del pueblo, yendo a las casas de los pobres para atender a los enfermos. Se ocuparon de los enfermos en los hospitales, de la educación de las jóvenes, de los niños abandonados, de los prisioneros, de los soldados heridos, de los refugiados, de los dementes, de las personas mayores y de tantos otros. 

En 1655, Luisa y Vicente lograron que el Papa aprobara la congregación. Con el paso del tiempo, impulsada por un gran ideal misionero, la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl traspasó las fronteras de Francia y emprendió obras misioneras en otros países. 

Las aportaciones recíprocas de valores humanos y espirituales entre San Vicente de Paúl y Luisa de Marillac dieron forma al carisma vicentino. No sería honesto con el carisma atribuir a Santa Luisa una participación e importancia de segundo orden. Existe una relación de equidad y complementariedad tanto en lo que se refiere a la amistad entre Vicente de Paúl y Luisa de Marillac como a la cooperación en el desarrollo de la obra que emprendieron.